Edgar Borges, literatura contra la realidad

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Edgar Borges (Caracas, 1966) dicta desde 2015 talleres de creación literaria a pacientes con trastornos neurológicos en el instituto María Wolf Alzhéimer de Madrid. La experiencia le sirvió para reforzar una idea en la que trabajaba desde hace un tiempo: una novela sobre el Alzhéimer protagonizada por un librero que sufre de la enfermedad. El olvido de Bruno (Carena, Barcelona, 2016) fue el resultado de su inmersión en el tema, una obra en la que la imaginación intenta llenar los vacíos de la memoria. Sigue leyendo

Alfredo Chacón, sin mover los labios

Alfredo Chacón.jpgEsta es la historia de un hombre que se dedicó a escribir.

Mi familia vivía en un caserío donde no había escuela ni médico. Ese pueblo se llamaba Puerto Páez. Mi mamá tuvo que ir a San Fernando de Apure en 1937 para poder darme a luz. Nací en el lugar donde menos he vivido. Suelo bromear al decir que soy un llanero tan falso que no sé nadar, ni montar caballo ni bailar joropo. Una embarcación con un motor fuera de borda en la que mi padre atravesaba el río Meta para hacer de Cónsul de Venezuela en Colombia es algo inseparable de mi memoria de esos años. Su largo recorrido diario del hogar al trabajo. También las letras y los dibujos de los libros con los que mi madre, ama de casa, me enseñó a leer. Allá, en Puerto Páez, tuve mis primeros y más radicales contactos y arraigos no conscientes con lo humano y lo natural. La relación afectiva con mi familia gestó en mí, sin saberlo, una sensibilidad que luego desarrollaría. Sigue leyendo

Pablo Montoya, en primera persona

Pablo MontoyaMi nombre es Pablo Montoya y esta es mi historia:

Nací en Barrancabermeja en 1963. En esa ciudad de Colombia viví mis primeros tres años, no tengo memoria de entonces. Mis recuerdos iniciales son de Medellín. Crecí en una familia conflictiva. Soy el décimo entre once hijos. Tuve una madre católica, un poco fanática, que quería me convirtiera en cura; un padre médico, con tendencias al alcoholismo, que la delincuencia común asesinó cuando yo tenía 22 años; un montón de caracteres de hermanos que hacía que mi casa fuese un manicomio. La literatura fue un refugio. Uno escribe o lee para resistir ciertos ambientes. Fui la oveja negra de mi hogar. Sigue leyendo

Claudia Noguera Penso, sin las prisas de Caracas

Claudia NogueraEl padre de Claudia Noguera Penso (Caracas, 1963) le regaló una máquina de escribir a su hija cuando ella apenas tenía catorce años. Fue en esa Royal —perdida en alguna de las mudanzas— que la poeta tecleó sus primeros intentos literarios: unos versos en rima que engrapaba para obsequiárselos a su gente. Ya entonces quería, de grande, ser escritora. No sabía si de poesía, de narrativa o de cualquier otra cosa. Sólo quería escribir. Su pasión por las letras la heredó de su mamá, una ama de casa que también tomó de su propia madre el hábito de la lectura. Aficionada a los clásicos de la biblioteca familiar, la joven Claudia se acercaba a sus estantes para agarrar más de un título con o sin el permiso de sus padres —él entrenador de caballos profesionales, ella dedicada al hogar. Cuando no era la literatura, era el cine, el teatro o los museos. El arte siempre estuvo cerca. Solo que su vocación tuvo que esperar para que se concretara. Sigue leyendo