Antonio de la Torre, el periodista que decidió actuar

Antonio de la TorreLa imagen es una escena de una película del español Manuel Martín Cuenca: Antonio de la Torre (Málaga, 1968) sentado en una mesa, solo, con una copa de vino, mientras saborea un trozo de carne. Un filete que podría ser un pedazo de glúteo, de una pierna, de un brazo, o cualquier otra parte del cuerpo de una mujer. El actor interpreta en Caníbal a un sastre asesino que se enamora de una de sus víctimas. Una historia de amor en un escenario de terror.

De la Torre preparó el personaje durante dos meses con un sastre reconocido en Madrid. Observó su actitud, su oficio. Quiso convencerse a sí mismo para atrapar también al público. El trabajo le valió una nominación al premio Goya 2014 (que al final obtuvo Javier Cámara). La revista estadounidense The Hollywood Reporter llegó a refirirse a su papel como la mejor interpretación de su vida.

—Yo digo que más que personajes intento hacer personas. El mejor piropo que puedo recibir es que un sastre me diga que parezco uno más de ellos. Mejor eso a que me salga un psicópata por la calle y me diga: “Pareces un asesino como yo”. Quiero pensar que lo mejor está por llegar. Digamos que ese es el papel de mi vida por alejarse tanto de lo que estoy acostumbrado a hacer. Por permitirme la posibilidad de explorar un terreno desconocido, alejado de mi personalidad.

***

El hombre que hoy es uno de los actores más reconocidos de España fue un niño tímido. Hijo de una ama de casa y de un padre que trabajaba para vivir, Antonio de la Torre quiso, en algún momento, ser futbolista. El fracaso en la cancha le hizo, entonces, ser periodista.

—La vida a veces te dice que uno no está para ciertas cosas. Fui probando. Era joven. No creo que los caminos deban ser únicos. Siempre estás a tiempo de cambiar. Supongo que había algo en mí propio de la actuación. El periodista y el actor suelen contar historias.

El pasado de De la Torre no tiene ningún momento de revelación que le hiciera querer dedicarse al cine. Fue una trayectoria labrada de a poco. En su infancia encontró en la actuación la forma de vencer la pena, de atreverse a mirar o a acercarse a una chica. Luego, tras estudiar periodismo, decidió —por fin— asistir a una escuela de interpretación en Madrid. Comenzó en una serie de televisión, hizo de figurante en varias películas, de obrero 1, de taxista 3, de fracasado 4. Todo eso mientras era periodista deportivo en Canal Sur.

—Yo coqueteaba con las dos cosas. Lo que pasa es que era difícil ganarse la vida como actor. No quería quedarme en mi casa a la espera de que sonara el teléfono. Por eso trabajaba con el canal, pedía que me cubrieran mis turnos si salía un papel. Uno de los oficios habituales en España entre los actores es ser camarero. Yo tuve la fortuna de tener al periodismo, pero poco a poco comprendí que actuar era lo que de verdad quería hacer. Y en el año 2006, tras haber ganado el premio Goya, sentí que era el momento de poder vivir de eso.

La consagración no fue un camino fácil. Antes del reconocimiento a Mejor Interpretación Masculina por Azuloscurocasinegro, de la Torre afrontó una crisis. A punto de cumplir treinta años, se regresó de Madrid a Sevilla cansado de las pocas oportunidades. Hasta que un día, Daniel Sánchez Arévalo le dio el rol que le cambió la carrera. Ese es el gran punto de inflexión que lo lleva a su presente.

—Si no hubiese sido por eso, quizás seguiría como periodista en Canal Sur. Quizás estaría angustiado por la crisis en España, que tiene una preocupante reducción de los trabajos periodísticos, de los empleos. Quizás estaría viviendo o sobreviviendo sin la actuación.

***

A Antonio de la Torre se le hace rara la fama que ganó. Cree que estaba tan acostumbrado al fracaso que el éxito le resulta extraño. No se olvida de que viene de una familia humilde. Que tiene una hija de tres años que se llama Martina y que la quiere llenar de amor. Se imagina que sus padres se sentirán orgullosos con la carrera que alcanzó. Se lo imagina porque ninguno de los dos está para verlo.

Un premio Goya, siete nominaciones, cinco reconocimientos de la Unión de Actores de España. El currículo de De La Torre tiene varios galardones. Los nombres de Pedro Almodovar (Volver, Amantes pasajeros), Álex de la Iglesia (El día de las bestia, Muertos de risa, La comunidad, Balada triste de trompeta), Steven Soderbergh (Che: Guerrilla), Daniel Sánchez Arévalo (Azuloscurocasinegro, Gordos, Primos, La gran familia española) forman parte de la lista de directores con los que suele trabajar. Viene, además, de realizar el doblaje de Felices 140, el nuevo filme de Gracia Querejeta. No tiene muchos proyectos más, ya concretados, en su agenda. Hollywood, por ahora, luce lejos. Hollywood, por ahora, sería otro sueño, otra historia.

—El problema no es que me interese a mí sino que yo le interese a la gente, a los productores, a los cineastas de allá. Si sale un proyecto lo haría encantado, pero hasta ahora no. Lo que pasa es que por más que tengas mucho nombre en España, en Hollywood no eres nadie. Lo que no haré es mudarme ahora a Los Ángeles, alquilar un apartamento, esperar una llamada, o ver qué pasa.

Publicado en El Universal.

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