Leila Guerriero, cowboy

Leila Guerriero II

Año 2010 (discurso del premio de la Fundación Nuevo Periodismo por El rastro en los huesos): “El periodismo en el que creo toma el riesgo de la duda, pinta sus matices. Dice: ‘no hay malos sin buenos’. Dice: ‘no hay buenos sin malos’”.

Ese día, Leila Guerriero dijo que de niña no quería ser periodista sino cowboy.

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Las películas de Clint Eastwood y Gregory Peck. Los libros de Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez. La música de Joan Manuel Serrat y Bethoven. Las lecturas de su padre, los cuentos orales de su abuela. Leila Guerriero estuvo cerca del arte desde su infancia.

—Yo tenía claro que lo que quería hacer era escribir.

Y eso hizo: escribió.

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El nombre de Leila Guerriero hoy forma parte de las grandes ligas del periodismo literario. Dicen que es una de las mejores representantes del género en el continente. Ya lo dijo el Premio Nobel Mario Vargas Llosa (sobre los textos de Plano americano):

—Los perfiles biográficos que dibuja Leila Guerriero demuestran que el periodismo puede ser una de las bellas artes.

O el cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos (sobre el libro Una historia sencilla, publicado por Anagrama):

—Voz superior de cronistas latinoamericanos, Guerriero entrega un relato acerado, conmovedor, inolvidable. Una obra maestra.

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La periodista argentina comenzó escribiendo ficción. La historia es conocida entre sus lectores: una vez le dejó uno de sus relatos de adolescencia a Jorge Lanata, editor de Página 12. Le gustó tanto que, en ese año 1991, le ofreció un cargo en la revista del diario.

—Desde que empecé a ser periodista nunca más quise hacer otra cosa. Hoy no siento la pulsión de la ficción. De a poco me di cuenta de que esa cosa de inventarme los relatos no me satisfacía. Se ve que la vida real me llenó por completo.

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Leila Guerriero ya suma cuatro libros de periodismo publicados: Los suicidas del fin del mundo (2005), Frutos extraños (2009), Plano americano (2013) y Una historia sencilla (2013). Para el primero, viajó a la ciudad de Las Heras para indagar sobre una docena de chicos que decidieron matarse. Para el último, acompañó por más de dos años a un bailarín que participó en un festival.

La cronista defiende el periodismo narrativo. Porque en tiempos de redes sociales, de inmediatez, hay que insistir con el género.

—A mí me parece que en un mundo que se presenta cada vez más confuso, más difícil de entender, estas miradas que se plantean a largo plazo complementan las miradas noticiosas. El punto es preguntarse si, realmente, uno quiere seguir haciendo lo que hace.

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Hija de una maestra y un ingeniero químico, Leila Guerriero nació en Junín en 1967. Vivió en su ciudad natal hasta que se mudó a Buenos Aires. No quería cursar Letras porque el universo laboral que le ofrecía no le resultaba interesante. Hizo teatro por tres años hasta que le aburrió la lectura de los textos. Tomó clases de guitarra. Vendió ropa un día y se deprimió y dijo que si esa es la vida se suicidaba. También cursó la Licenciatura en Turismo.

—¿Y la terminó?

—Sí. Yo todo lo que empiezo, lo termino. Menos teatro.

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Leila Guerriero es uno de los tantos periodistas que vive del pluriempleo. De matar tigres, se diría en Venezuela. Editora de la revista Gatopardo en el Cono Sur, da clases en distintas universidades. También viaja para ofrecer talleres sobre su oficio.

Algunas lecciones que dejó a su paso por Caracas, entre el 9 y el 11 de septiembre de 2014:

—La crónica equivale a un documental. Un autor debe hacer de director: recoger escenas, montar las transiciones.

—El arte de escribir es el arte de combinar las palabras.

—Periodismo narrativo no es una fábula bien contada. Debe tener datos duros.

—Alguien que quiere escribir no puede no leer poesía.

—Escribir mucho es lo que que te dará una voz propia.

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Aquella chica comenzó a escribir, o intentó hacerlo, como Ray Bradbury, como Julio Cortázar, como García Márquez.

—Todos hemos pasado por ahí. Somos una sumatoria de voces ajenas hasta lograr una propia. Uno debe leer mucho. Agotar los recursos, dejarse nutrir por otras artes. El cine fue la que más me influenció.

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Leila Guerriero, que vio todos los westerns que uno se puede imaginar, se acerca al universo de sus personajes con la cámara en la mirada y con el oído y las manos dispuestas a grabar y luego editar: planos generales, americanos, detalles, cámaras estáticas o en movimiento que se pasean por las distintas escenas.

—No es grande. Cuatro por cuatro apenas, y una ventana por la que entra una luz grumosa, celeste. El techo es alto. Las paredes blancas, sin mucho esmero. El cuarto -un departamento antiguo en pleno Once, un barrio popular y comercial de la ciudad de Buenos Aires- es discreto: nadie llega aquí por equivocación. El piso de madera está cubierto por diarios y, sobre los diarios, hay un suéter a rayas -roto-, un zapato retorcido como una lengua negra -rígida-, algunas medias. Todo lo demás son huesos (El rastro en los huesos).

Publicado en El Universal.

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