Yare III espera a Godot

—Mi nombre es Rafael Crespo. Nací en Lara hace treinta y seis años. Estoy privado de libertad por el asesinato de una mujer, que era una compañera de trabajo. Me acusan de haber sido la persona que la mandó a matar, el autor intelectual. Ya tengo veintiocho meses a la espera de una audiencia preliminar. Interpreto a Estragón.

—Me llamo Fabián Villegas. Soy de Barquisimeto, tengo veinticinco años. Estoy preso por el delito de tráfico ilícito de estupefacientes. Me dieron un condena de doce años, llevo tres. Mi padre es director teatral. Yo de niño soñaba con ser como un superhéroe con lápiz. Siempre quise ser escritor. Mientras, soy Vladimiro.

—Me llamo Jackson Núñez. Nací en Caracas, en San Bernardino. Estoy detenido por hurto. Me quedan ya cuatro meses. Me dieron beneficios, los violé, tuve que volver a la cárcel. Llevo treinta y tres meses de una pena inicial que era de seis años. Soy licenciado en Administración, con postgrado incluido. Aquí interpreto a Pozzo.

—Soy Jorge Ravelo Suárez. Tengo treinta y ocho años. Nací en Caracas. Me detuvieron por delito de drogas, me dieron quince años. Ya voy para veintitrés meses en prisión. En la obra soy Lucky. Primera vez que hago teatro. Uno se siente como si no estuviera en la cárcel.

—Me llamo Óscar Escobar. Nací el 30 de diciembre de 1971. Mi delito es tráfico de sustancias ilícitas y estupefacientes en la modalidad de transporte. Llevo ya un año de presidio. La pena impuesta es de doce. Estudié Medios Audiovisuales en Mérida para ser cineasta. Soy el director de la obra.

***

Acto primero

Ocho hombres esposados bajan de un autobús al frente del Teatro San Martín, en Caracas. Cuatro militares los custodian. Son detenidos de la Comunidad Penitenciaria de Yare III, que fueron invitados al II Festival de Teatro de Caracas. Todos ingresan al escenario en el que los presos, por un día, jugarán a ser libres en las tablas. Los guardias vigilan, los músicos ensayan, los actores repasan sus líneas.

—Escobar (sentado en una de las sillas del teatro): Para nosotros es fácil comprender la espera entre Estragón y Vladimir. Vivimos la espera a diario. Se acaba el día ansiando que al siguiente llegue la libertad. Y así. Godot nunca llega, pero esperamos que algún día lo haga.

—Vladimiro (en un descampado): ¿Y si nos arrepintiéramos?

—Estragón: ¿De qué?

—Vladimiro: Tampoco hay que ser tan detallistas.

—Estragón: ¿De haber nacido?

—Vladimiro: Tu debiste haber sido un poeta.

—Núñez (terminado su proceso de maquillaje): Uno en la vida intenta hacer varias cosas que nunca termina. Quise ser periodista, quise ser Boy Scout. Hoy eso es utópico. Es suficiente con ser libre.

***

Acto segundo

—Vladimiro: Érase una vez la historia de dos ladrones. Se dice que uno de ellos fue salvado y el otro condenado.

—Crespo (mientras come un pedazo de pizza): Dentro de las prisiones el mundo es bastante complicado. Tenemos que adaptarnos a un sistema de vida diferente. Las limitaciones son totales. El hacer teatro nos permite poder despegarnos de la situación carcelaria, es una actividad que nos evita caer en depresión.

—Núñez: Estamos aquí por un tema de errores en la vida. Hay dos opciones cuando estás detenido: o pierdes tu tiempo sin hacer nada o lo inviertes en hacer algo positivo. Esperando a Godot, para todos nosotros, significan unas horas de libertad.

—Estragón: Vámonos.

—Vladimiro: No podemos.

—Estragón: ¿Por qué?

—Vladimiro (pausa): Esperamos a Godot.

—Villegas: Siempre es lo mismo. La vida en la cárcel es bastante monótona. Todos los días esperas levantarte y escuchar tu nombre, salir a la calle y no volver. El único momento de cambio es en los ensayos de teatro. De resto, lo que hago es leer. He leído Crónica de una muerte anunciada cuatro veces y todavía no la entiendo.

***

Acto tercero

—Vladimiro (de pie junto al árbol): Han cambiado mucho.

—Estragón: ¿Quiénes?

—Vladimiro: Esos dos.

—Escobar (mientras termina de ajustar las luces): El teatro no lo veo tanto como algo evasivo sino terapéutico. Puedes lograr ver cosas que no verías estando en la celda, rodeado del submundo de la prisión. Nosotros, además de sufrir por estar privados de libertad, tenemos que cuidar nuestra vida. Le pone un toque de dramatismo. No sólo es esperar a Godot, también es no morirse.

—Villegas: Lo peor que he visto en una cárcel es un hombre picado en pedazos.

—Vladimiro: Ya no tenemos nada que hacer aquí.

—Estragón: Ni en ninguna otra parte.

***

Epílogo

El público en el Teatro San Martín aplaude la presentación. Familiares se reúnen con los protagonistas en escena.

—Guillermo Villegas (padre de Fabián Villegas): Me alegra ver que mi hijo también hace teatro, así sea en la cárcel. Esperaré a que algún día salga para montar una obra juntos.

Publicado en El Universal.

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